Abrió la gaveta del archivo para encontrar la carta que había empezado a escribir dos meses antes. Volvió a sentarse en su escritorio y leyó:
“Después de las investigaciones pertinentes llevadas acabo, me dirijo a usted a fin de informarle que ha quedado invalidado el testamento de la señora Andrea Lujan, en virtud de que la misma no se encontraba en pleno uso de sus capacidades mentales en el momento de la redacción de dicho instrumento…”
Levantó la vista del papel, acarició su bigote con la punta del lapicero y concluyó la carta con palabras de rigor y costumbre. Miró su reloj y salió de la oficina dejando la carta sobre el escritorio de su asistente. A la mañana siguiente ella se encargaría del resto. Estaba sencillamente satisfecho. Este caso le había caído prácticamente del cielo, sólo un abogado como él, recién graduado y sin trabajo lo habría cogido.
Exactamente un mes después de que él abriera su oficina, una tarde en que sólo las moscas le hacían compañía, Ibet entró y le dijo:
- Llamó un joven que quería una consulta gratis, en una hora estará aquí.
- No tenemos un solo cliente, no puedo pagarte un sueldo aún y tú ofreces mis servicios gratuitos- le reclamó el joven abogado.
- Mira Oscar, no se, algo me dijo acepta, fue cuestión de felling- se justificó ella.
- ¡Ah, vamos!, premoniciones- se rió él.
- ¿Qué te cuesta?- dijo ella haciéndole un guiño.
- Claro, ¿Qué vamos a hacer?, ¿Qué remedio?
¡Que fantástica aventura comenzó a partir de aquel día para estos dos seres! A la hora fijada apareció en la puerta del recibidor un muchacho a quien Ibet no le calculó más de quince años, aunque resultó que tenía veinte. Ella lo pasó al despacho de Oscar y se quedó en franca zozobra todo el tiempo que duró la entrevista porque, ¿Qué problema podía tener ese chico? Y por otra parte esperaba lo peor cuando Oscar lo despachara y ella le hubiese hecho perder su tiempo.
- Ibet- dijo Oscar después de que el muchacho se hubo marchado- este chico es hijo de una señora muy rica que murió hace un año, pero que él no conocía
Como habrás podido darte cuenta por su forma de vestir no tiene un peso, pero quiere reclamar su herencia.
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